La educación es la cuestión política central del
futuro
“… lo que nos
diferencia de los restantes seres naturales, es ser sujetos de
pensamiento y de acción. Nacemos, en consecuencia, cada vez que somos
capaces de pensar y obrar distinto. Cuando pensamos, no en función de
nuestro plan de vida, sino en relación a la producción de lo colectivo,
de lo nuestro, de lo local, nacional o planetario, estamos haciendo
política.
Ser capaces de un
pensamiento y una acción distintos en materia de educación nos incumbe a
todos. No puede dudarse de la centralidad de los maestros en esta
discusión, pero menos puede dudarse de la imperiosa necesidad de un
diálogo público que los trascienda, porque el docente es parte de una
cultura, pero la cultura es obra de todos. Cambiar la cultura es someter
a refutación los viejos paradigmas: pensar lo nuevo y accionar en
consecuencia. Cada época definió la educación según la mirada del mundo…
Si no cuestionamos la
mirada moderna es muy difícil que se pueda producir un salto que permita
que la educación abra el camino de una nueva civilización. Los pueblos,
las sociedades y los gobiernos que creen que el futuro es el presente y
la utopía se encuentra en el pasado, se vuelven melancólicos y no
construyen la Historia.
El salto al porvenir
lleva el riesgo de caminar a tientas por un sendero que no se conoce
bien pero que tiene la enorme ganancia de preparar a un pueblo para una
nueva civilización, constituyéndolo en el núcleo emergente de una nueva
historia y envolviéndolo en una narrativa del porvenir que le otorga un
sentido nuevo al aula, al maestro y al alumno.
...Hoy el desafío es
definir la inserción de un nuevo sujeto en una nueva humanidad
dolorosamente naciente que ya no va a responder, ni a la vieja
concepción del Estado Nación, ni a la ciudadanía atada a él, ni tampoco
a la jerarquía omnipotente del saber científico-tecnológico. Por el
contrario, el regreso de la palabra y el lenguaje como configuración de
un nuevo orden desde lo caótico fragmentado y anómico, deviene en lo
esencial.
Aún cuando la
educación no dé certezas de los nuevos paradigmas nacientes, está
obligada a proveer los recursos lingüísticos y simbólicos, para que el
pueblo pueda entender de qué se trata y pueda canalizar con palabras el
impulso utópico y la necesidad de un nuevo orden. Nuevo orden de palabra
y de valor para desmalezar la vieja historia y construir desde allí la
épica de una nueva narrativa comunitaria y global.
“…el nacimiento de
nuevos hombres y un nuevo comienzo es la acción que son capaces de
emprender los humanos por el hecho de haber nacido. Sólo la plena
experiencia de esta capacidad puede conferir a los asuntos humanos fe y
esperanza, dos esenciales características de la existencia humana…”